Los jardines comunitarios producen verduras frescas, hierbas y frutas que complementan la dieta de los hogares, ofrecen experiencias educativas en el cultivo de alimentos y, en algunos casos, abastecen mercados locales o programas de intercambio de alimentos.
Sin embargo, generalmente son un complemento y no un reemplazo de los sistemas alimentarios convencionales: los rendimientos por área varían ampliamente, y los jardines rara vez logran la autosuficiencia completa de un vecindario entero.
Los beneficios alimentarios más importantes incluyen el mejor acceso a productos frescos para los participantes, el aprendizaje práctico de habilidades agrícolas y el fomento de economías locales de proximidad (intercambio de productos, puestos de venta, cooperativas).
Las políticas públicas y el apoyo estructural —como la seguridad sobre el uso de la tierra, el acceso a herramientas y la formación— mejoran significativamente la productividad y la fiabilidad de los jardines.
Los beneficios ecológicos y circulares de los jardines comunitarios son indiscutibles.
Estos espacios alojan polinizadores, plantas autóctonas y pequeños hábitats para la fauna dentro de los densos tejidos urbanos.
Los estudios europeos demuestran que los jardines comunitarios pueden ser puntos clave de biodiversidad urbana.
Muchos jardines practican el compostaje, la recolección de agua de lluvia, la reutilización de residuos orgánicos y métodos de cultivo de bajo insumo, lo que reduce los residuos y la demanda de recursos, adoptando una lógica de uso circular de los recursos.
Además, las superficies verdes contribuyen a moderar el calor urbano, mejorar la infiltración del agua y pueden integrarse en estrategias locales de adaptación climática cuando se diseñan a gran escala.
Investigaciones recientes recomiendan integrar los jardines comunitarios en la planificación urbana como medidas de resiliencia.
Los resultados en términos de sostenibilidad dependen del diseño y la gestión: los jardines bien gestionados, que utilizan prácticas orgánicas, compostaje y sistemas eficientes de riego, generan beneficios ambientales mucho mayores que parcelas gestionadas de forma improvisada sin estos sistemas.
